DE OPINIONNOTICIAS

«Criando parásitos» Por Jen Sánchez

Cuando el amor sin disciplina y la permisividad en la crianza terminan formando adultos dependientes.

Uyuyuiiiii… primero vamos a definir qué es un parásito para comprender bien el contexto de este asunto.

Un parásito es un organismo que vive sobre o dentro de otra especie (hospedador o huésped) y se alimenta a sus expensas, muchas veces causándole daño sin matarlo inmediatamente. Dicho de forma simple: sobrevive aprovechándose del otro.

Y partiendo de esa definición, pregunto: ¿cuántos parásitos humanos existen hoy en nuestra sociedad?
¿Y por qué quiero hablar de esto? Porque muchas personas quieren vivir de la teta del otro: del gobierno, del éxito ajeno, del sonido de otro, de las bondades o del esfuerzo de alguien más. Personas que no producen, pero sí consumen lo que otros generan. Y lo más preocupante es que ese comportamiento termina convirtiéndose en un verdadero quicio para la sociedad.

Una sociedad que premia al que vive del esfuerzo ajeno termina castigando al que trabaja.

Casi siempre los parásitos humanos se forman desde muy pequeños. Y me duele decirlo, pero es una realidad: muchas veces nacen dentro de nuestros propios hogares.
Cuando como padres permitimos ciertas conductas en niños y adolescentes, o queremos ayudar más de lo que nos corresponde sin exigir responsabilidades, vamos construyendo poco a poco un dependiente que más adelante termina enfermándonos emocionalmente y en algunos casos, hasta podría llevarnos al otro mundo por el estrés, la angustia y la frustración.

Por eso quiero enfatizar en la enorme responsabilidad que tienen los padres en la guía, orientación y educación de sus hijos menores. Educar no es solo proteger; también implica formar carácter, disciplina y sentido de responsabilidad.

Debemos tener mucho cuidado con lo que creemos que es amor o ayuda, porque muchas veces, en nombre del cariño, estamos fomentando la dependencia.

El amor que no educa ni exige responsabilidades no forma personas libres, forma dependientes.

Esta modernidad, donde todo se facilita y todo se concede, está criando generaciones que creen que el mundo les debe algo.

Ahora bien, cuando se trata de adultos parásitos, que ya han hechonun máster para lograr ese título, surgen dos preguntas inevitables: ¿cómo podemos lidiar con esa plaga que parece estar regada por todas partes y que difícilmente reconoce lo que realmente es? ¿Cómo se le hace entender a una persona vividora que ese comportamiento no está bien? Es un tema complejo, porque muchas veces estas personas NO se perciben como dependientes, sino como merecedoras de lo que reciben.

Y hay otro elemento que complica aún más el problema: la mentalidad de víctima permanente. Cuando alguien vive convencido de que todo lo malo que ocurre en su vida es culpa de los demás, termina justificando su propia inacción. Desde esa posición es muy fácil caer en el parasitismo social, porque siempre habrá alguien a quien culpar y alguien de quien depender.

Quien vive eternamente como víctima rara vez asume la responsabilidad de cambiar su propia vida.

Y muchas veces la tragedia se revela demasiado tarde. Cuando los hijos ya son adultos, algunos padres comienzan a darse cuenta del daño que, sin querer, contribuyeron a crear. Reconocen, pero en su interior, que en nombre del amor, de la protección o incluso de la culpa, terminaron formando personas incapaces de asumir responsabilidades.
Pero entonces aparece otro peso: la pena, la vergüenza y hasta el miedo al juicio social. En lugar de corregir el rumbo, muchos terminan sosteniendo el problema.

Es ahí cuando comienza un sufrimiento silencioso. Padres que ya no se sienten capaces de dejar solos a esos hijos dependientes, aún sabiendo que el daño continúa. Y lo más doloroso es que, en muchos casos, terminan dedicando más atención, más recursos y más tolerancia al hijo que no avanza que a aquellos que sí se esforzaron, que sí construyeron su camino y que han demostrado responsabilidad en todos los aspectos de su vida: como hijos, como hermanos, como profesionales y como miembros de la familia.

Y aquí vale hacerte una pregunta que te va a confrontar, pero necesaria: ¿quién eres tú dentro de esta historia? ¿Eres el padre que crió al parásito? ¿Eres el parásito que vive del esfuerzo ajeno? ¿Eres la persona que se refugia en la victimización permanente? ¿O eres de los que decidió abrirse camino con esfuerzo y responsabilidad? La respuesta solo la tienes tú. Pero si al mirarte con honestidad descubres que estás estancado, todavía estás a tiempo de cambiar. Deja de ser un parásito. Deja de ser un problema social. Empieza a valorar tus capacidades, reconoce tus talentos y trabaja para desarrollarlos. La vida no premia la dependencia eterna, premia a quien decide evolucionar. Y ese paso, si realmente quieres darlo, comienza hoy.

Y a los padres para cerrar con esto, el amor que no forma carácter termina criando dependientes. Y los dependientes rara vez construyen sociedades fuertes.

Final, bye.

Artículos relacionados
CINECOMUNICACIÓNEventosLanzamientosNOTICIAS

“La Fábrica Radio”, y el regreso a los medios de Hony Estrella y Cheddy García

Junto a José Matos, Wandaly Soriano, Sariné Feliz, Candy Flow y Enger Luna Al aire en marzo por…
Leer más
COMUNICACIÓNEmprendimientoLanzamientosNegociosNOTICIAS

Tómalo al Día anuncia el lanzamiento de su nueva cabina de producción en Santo Domingo Norte

Santo Domingo Norte, República Dominicana — El periódico digital Tómalo al Día anunció el…
Leer más
EventosNOTICIAS

INCORT y RTVD estrenan “Vida Después de la Vida”, una serie que promueve la donación de órganos en RD

Santo Domingo, República Dominicana. – La noche del miércoles 4 de marzo fue lanzada…
Leer más
BOLETIN INFORMATIVO
Entérate de las tendencias
Regístrate en Behindrd y de esta manera estarás informado de todo el acontecer cristiano en RD y más.